LA IMPORTANCIA DE LA ORGANIZACIÓN
DE LOS CIUDADANOS EN LA LUCHA POR
LA SEGURIDAD CIUDADANA
LAS JUNTAS VECINALES:
En
los últimos meses, a raíz del atentado sufrido por la hija de un Congresista de
la República , el cual refleja la creciente presencia de la delincuencia en
nuestro país, ha recobrado vigencia el debate en torno a las medidas que debe
adoptar el Estado para hacer frente a la inseguridad ciudadana. Sin embargo, la
mayoría de las medidas planteadas, como por ejemplo el aumento de las penas
para los delitos comunes o la colocación de un mayor número de policías en las
calles, han dejado de lado el rol que le corresponde ejercer a la ciudadanía en
esta tarea, de modo tal que la misma no solamente sea un observador pasivo en
esta materia sino que colabore con las autoridades, en la medida de sus
posibilidades, a través de la observación y de la participación.
El Instituto de Defensa Legal, en
la publicación denominada “Hoja de Ruta para un Plan Local de Seguridad
Ciudadana” , puso de relieve que toda planificación en materia de seguridad
ciudadana, principalmente la que tiene lugar a nivel local, debe partir de la
premisa básica de que el éxito en el logro de la seguridad ciudadana depende
básicamente de una triple alianza estratégica, la cual hemos convenido en
denominar trípode de la seguridad, conformada por los siguientes actores:
Gobiernos Locales, Policía Nacional y vecinos.
Si bien es cierto que la
responsabilidad respecto a la preservación de la seguridad ciudadana recae
principalmente en la Policía Nacional, siendo uno de sus principales deberes
institucionales de conformidad con el artículo 166º de la Constitución, y que
la misma también recae en el ámbito competencial de los Gobiernos Locales, de
conformidad con el artículo 197º de la Carta Magna; también es cierto que, en
base al artículo 38º de la Constitución, existe un deber por parte de los ciudadanos
de respetar y defender los bienes de relevancia constitucional, como lo es la
seguridad ciudadana. En ese sentido, en la medida en que los recursos de las
autoridades son limitados y escasos, corresponde a los ciudadanos no solamente
observar sino colaborar con las autoridades, a través de la organización y de
la participación, a fin de que las mismas cumplan con eficiencia sus funciones.
Ello no implica en modo alguno
que la responsabilidad en torno a la seguridad ciudadana pase a ser adjudicada
a los vecinos ni que estos reemplacen a las autoridades estatales en el
ejercicio de estas funciones. Lo que planteamos es que la población apoye a sus
autoridades y colabore con ellas en la medida de sus posibilidades.
LAS
JUNTAS VECINALES
El principal mecanismo a través
del cual se materializa esta participación ciudadana son las Juntas Vecinales.
Éstas, como su nombre lo dice, son agrupaciones vecinales que se conforman por
razones de autoprotección y están integradas por personas que residen o laboran
en un mismo barrio, sector, urbanización o distrito. Entre los principales
objetivos que desarrollan las Juntas Vecinales cabe mencionar los siguientes:
- Lograr la participación activa
de la población en estrecha colaboración con la policía, en actividades preventivas,
tales como el patrullaje de calles y avenidas.
- Establecer una comunicación y
coordinación en forma permanente entre los vecinos y su comisaría, a fin de
mantener un estado de alerta efectiva frente a cualquier amenaza que genere la
delincuencia. Los vecinos están en muchas ocasiones en mejor posición que la
policía para identificar los focos delictivos y pueden aportar valiosa
información a los agentes policiales.
- Promover el sentido de
cooperación entre vecinos e internalizar una “cultura de seguridad”.
- Fomentar la participación
social mediante el desarrollo de programas culturales, deportivos,
cívico-patrióticos, ecológicos, educativos y de salud, entre otros.
Cabe precisar que las Juntas
Vecinales forman parte el Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana (SINASEC),
por cuanto en los artículos 15º y 16º de la Ley N.º 27933 se reconoce la
participación de las Juntas Vecinales en los Comités Provinciales y
Distritales, respectivamente, a fin de hacer sentir la voz de los vecinos en el
diseño e implementación de las políticas de seguridad ciudadana de su
respectiva jurisdicción.
De otro lado, si bien las Juntas
Vecinales son la representación por excelencia de la participación de la
comunidad en materia de seguridad ciudadana reconocidas en el marco del
SINASEC, no quiere decir que sea el único mecanismo pues, tal como lo refiere
el Comandante PNP Guillermo Bonilla, existen otras instituciones de la sociedad
civil que pueden colaborar en la lucha por la seguridad ciudadana, tales como:
- Los comités de vigilancia
ciudadana.
- Las mesas de concertación para
la lucha contra la pobreza.
- Las rondas campesinas y los
comités de autodefensa.
- Las comunidades campesinas y
nativas, a cuyas autoridades la Constitución, en su artículo 149º, les reconoce
funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial.
- Los comités de Defensa Civil.
- Las instituciones educativas.
- Las asociaciones de padres de
familia.
- Las compañías de bomberos
voluntarios.
En
síntesis, el rol de la ciudadanía puede ser resumido de la siguiente manera:
Organizar Juntas Vecinales para
colaborar con la Policía Nacional en las labores de prevención del delito,
bridándole información oportuna y manteniendo a la población en estado de
alerta frente a cualquier amenaza para su seguridad.
Por otra parte, si bien las
Juntas Vecinales son iniciativas ciudadanas, tanto las municipalidades como la
Policía Nacional deben fomentar su conformación pues son los mecanismos a
través de los cuales pueden comunicarse con la población y conocer sus
intereses y demandas. Específicamente, corresponde a la Policía Nacional, en
tanto que cuenta con la experiencia y la especialización necesarias, capacitar
a los integrantes de las Juntas Vecinales en aspectos preventivos de seguridad.
También cabe advertir, tal como
lo hace el Mayor PNP Comandante Bonilla, que las Juntas Vecinales, a fin de
funcionar efectivamente, no pueden tener un sentido político partidario pues
ello hace que se desnaturalicen los fines para los cuales fueron creadas,
haciendo que los esfuerzos vecinales se destinen a fines políticos de las
autoridades ediles de turno y que los ciudadanos se sientan utilizados.
Asimismo, se requiere un fuerte compromiso por parte de los integrantes de las
Juntas Vecinales. La participación debe ser activa, constante y permanente.
A continuación presentamos tres
casos que reflejan que la participación vecinal organizada y constante puede
marcar la diferencia en lo que respecta a la lucha por la seguridad ciudadana.
EXPERIENCIAS
EXITOSAS
-
La Floral (La Victoria – Lima Metropolitana)
Hasta fines de los años noventa,
la avenida La Floral, en el distrito de La Victoria (Lima Metropolitana),
estaba tomada por más de 700 delincuentes y drogadictos. Asaltaban personas,
saqueaban viviendas, desmantelaban autos, robaban a los microbuseros y a los
taxistas. Las principales víctimas de estos delitos eran, desde luego, los
vecinos del lugar. Toda empresa estaba condenada al fracaso, todo negocio era
imposible; y la vida expresaba el infierno cotidiano del miedo y la penuria.
Cuando Susano Enciso llegó a ese
vecindario, en 1990, solo quedaban 3 empresas agonizando en La Floral. Nadie
quería llegar a ese lugar. Ni para pasar, menos para comprar o vender otra cosa
que no fuera droga. Los vecinos malvendían sus casas y las que quedaban eran
ocupadas por los delincuentes. La esquina de Yerbateros y la avenida
Circunvalación era considerada como tierra de nadie. Los carros de transporte
público eran los objetivos preferidos de asaltos y desmantelamientos al paso.
Las autoridades sabían lo que pasaba pero no actuaban. Algunas, por el
contrario, lucraban con las bandas.
El vecino Susano Enciso decidió
emprender la titánica tarea de recuperar el vecindario para la inmensa mayoría
de habitantes honestos. En 1997 convocó a algunos vecinos (inicialmente solo
cinco aceptaron unirse; luego, poco a poco, el número de personas se
incrementó) y comenzaron a conversar con la gente para organizarse. Una vez que
lograron consolidar un núcleo de acción, pidieron ayuda a la Policía para poder
limpiar la zona de manera conjunta.
Fortalecidos con este respaldo,
los vecinos salieron al frente, encontrando una fuerte resistencia, amenazas y
ataques por parte de los delincuentes. Lejos de amilanarse, persuadieron a más
vecinos para que se sumen a la cruzada. Poco después descubrieron que muchos
policías no solo se negaban a actuar sino que les ponían obstáculos. Había
complicidad y corrupción extendida. Se llegó a detectar que muchos actuaban en
combinación con los delincuentes. Entonces, Susano y los vecinos organizados
tuvieron que acudir a la Inspectoría de la Policía en 1998.
La presión de la Junta Vecinal
llevó a la Inspectoría a tomar acciones, tales como el cambio de los policías
implicados. Pero, no todos los policías estaban bajo el manto de la corrupción.
También se dieron notables excepciones, como fue el caso del capitán PNP
Sánchez Popuche en el año dos mil. Era un policía comprometido con su
comunidad, que optó por convocar a todos los vecinos del cerro El Pino y de los
alrededores a sumarse a esta tarea. La organización, el número y el respaldo
policial les dieron la fuerza para movilizarse (ya había 80 coordinadores, de
quienes dependían muchos más vecinos) y tomar las primeras medidas decisivas:
cerraron casas dónde se vendía la droga, clausuraron prostíbulos y cantinas
clandestinas, botaron a los delincuentes y limpiaron las calles, las cuales
estaban convertidas en un muladar. “Por aquí nunca había pasado un carro
recolector, los colchones estaban tirados por todas las 8 cuadras de la
avenida... fue toda una odisea ... desde ese momento los vecinos nos apostamos
en el lugar, no salimos para nada, nos turnábamos [en la vigilancia de las
calles] cada seis horas por un mes para que los delincuentes no puedan regresar
al lugar. La Policía hacía lo suyo y nosotros los acompañábamos”, cuenta un
vecino del lugar.
Poco a poco se impuso la calma en
el cerro el Pino y la Avenida La Floral. Fue un proceso largo, cuya
consolidación tomó seis años, hasta el 2004. Ahora se puede apreciar calles
ordenadas con árboles sembrados. Luego, se construyeron casetas de auxilio
rápido y, con el apoyo del vecindario y de los empresarios que iban llegando,
se logró construir una pequeña comisaría que está ubicada en las faldas del
cerro el Pino y la Avenida México.
Susano Enciso, el líder mayor de
las Juntas Vecinales, prosigue en su tarea de organización y capacitación de
nuevos líderes. Las amenazas no amedrentaron a este intrépido dirigente, que
logró, a base de tenacidad y valentía, organizar a los vecinos, obligar al
Estado a intervenir en su ayuda y así convertir un escenario de pesadilla en
calles donde el esfuerzo honesto de sus habitantes cimenta un progreso que ya
no está parasitado por la delincuencia ni doblegado por el temor.
Villa
El Salvador (Lima Metropolitana)
El distrito de Villa El Salvador
cuenta con alrededor de 400,000 habitantes. Existe mucho problema
delincuencial, el cual se ha podido disminuir gracias a la participación
voluntaria de los vecinos, quienes son integrantes de las Juntas Vecinales y
participan activamente como ojos y oídos de la Policía Nacional. Patrullan
durante todas las noches en las rondas mixtas, es decir, junto con efectivos
policiales.
Quintiliano Olivas Ponce es el
Coordinador Distrital de las Juntas Vecinales, quien viene participando desde
el año 1987 de forma desinteresada como vecino voluntario y líder de esta
organización vecinal. Ha recibido múltiples condecoraciones por la labor
emprendida a favor de la comunidad. La última condecoración le fue otorgada por
la delegación de la policía ecuatoriana, la cual ha tomado como ejemplo la
organización vecinal del distrito de Villa el Salvador.
“Estamos haciendo un patrullaje
intensivo junto con los vecinos de las Juntas Vecinales y la Policía. De esa
manera hemos logrado reducir en un 30 por ciento el pandillaje, respecto al año
pasado, en todo el distrito", afirma Quintiliano.
Esta tarea no ha sido fácil para
él. En muchas oportunidades tuvo que lidiar con malos policías que no creían en
su trabajo. Se sentían que estaban siendo fiscalizados por la sociedad civil y
no le prestaban el apoyo para continuar fortaleciendo las Juntas Vecinales. Por
otro lado, algunos alcaldes tampoco estuvieron interesados en apoyar a
Quintiliano. Pero, eso no fue motivo para no seguir en la lucha contra la
delincuencia. Al contrario, ello motivó que los vecinos se integrasen cada vez
más ante la desatención por parte de las autoridades.
Así como hubo malas autoridades,
también llegaron buenos comisarios que acompañaron la gestión vecinal. Estos
tenían otra mirada, la visión de policía comunitaria, es decir, la concepción
de una policía cercana al ciudadano y dispuesta a atenderlo en la solución de
sus problemas cotidianos. Gracias a este trabajo, dichos comisarios ganaron en
varias oportunidades varios gallardetes como premio a la labor emprendida
contra la violencia en el distrito. Asimismo, fueron ganadores en el año 2003
como mejor comisaría del año, acompañados de condecoraciones por la labor
emprendida en beneficio de su comunidad.
En varias oportunidades sufrieron
varias amenazas por parte de los delincuentes, quienes intentaban impedir su
labor y sacarlos del distrito. No obstante, las dificultades se pudieron
superar gracias al apoyo de los vecinos, que se propusieron como causa común no
permitir nuevamente que la delincuencia impere en el distrito de Villa el
Salvador, un distrito autogestionario que tiene toda una historia por delante.
Queda una tarea pendiente para
las autoridades y es tomar como muestra la organización vecinal. Ahora les toca
fortalecerla, acompañarla y posesionarla como un bastión importante en una
comunidad. Para ello cuentan con vecinos comprometidos voluntariamente que no
piden nada a cambio sino tan solo respirar tranquilidad y transitar por las
calles libremente, derecho del cual debe gozar todo ciudadano en nuestro país.
- Trujillo.- En el caso de
Trujillo, las Juntas Vecinales alcanzaron un alto nivel de organización con la
llegada del General Eduardo Arteta. “Encontró 52 Juntas Vecinales al asumir su
puesto. Ahora hay 1200 juntas”, dice Lucy Morales, de la jurisdicción de
Esperanza, en Bellavista, una integrante de dichas juntas vecinales. Arteta
“devolvió la confianza de la población en la PNP”. Esta experiencia es una
muestra de cómo los vecinos se sintieron fortalecidos con la llegada de un buen
oficial, quien los respaldó y fortaleció la labor vecinal, dándoles el espacio
y el lugar que les correspondía, brindándole todas las facilidades para su
mejor desenvolvimiento en su trabajo diario. Trujillo es una ciudad que muchos
pensaban que había sido tomada por la delincuencia. Sin embargo, las Juntas
Vecinales, liderados por el General Arteta demostraron que es posible combatir
a la delincuencia con la coordinación efectiva entre los vecinos y la Policía
Nacional.
Aldo Blume Rocha.
Nancy Mejía Huisa.
Instituto de Defensa Legal (IDL-SC)
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